Aprovechando que las noches de estos últimos días no han sido especialmente apacibles, que tengo encima un trancazo de los que hacen antología y lo dejan todo perdido de mocos, y que llevo ya unos cuantos fines de semana dándole la vara a Ki con lo de ver esta película, anoche fuimos al cine a ver esta comedia, Quemar después de leer. Había oído por ahí que la película era divertida, aunque sin llegar a los niveles épicos (para mí) de El gran Lebowski, así que estaba un poco preocupada por si salía decepcionada del cine. Afortunadamente, no fue así.
Los Cohen han hecho una comedia muy simpática, de esas que parecen tontas de un primer vistazo, aunque revelan cosillas en cuanto rascas con la uña en la superficie. Como por ejemplo, la supuesta inteligencia de los sistemas de inteligencia, sí sí, esos que nos vigilan y nos miman y cuidan de que los malos de turno no nos hagan pupita. A destacar un espectacular John Malkovich en el papel de Ozzy Cox, un analista de la CIA que ha sido recientemente degradado del cargo por sus problemas con la bebida... un tipo con un carácter acojonantemente brutal, que prefiere el despido a ser degradado, y que está casado con Katie, una zorra estirada que, aunque parezca mentira, es aún más desagradable que él. El caso es que Ozzy decide matar su tiempo libre con algo que lleva mucho tiempo queriendo hacer: escribir sus memorias, sus experiencias como analista de la CIA.
¿He dicho ya que la mujer de Ozzy es una zorra estirada? Bueno, pues resulta que es algo más que eso. Está liada con Harry Pfarrer (un graciosísimo personaje a cargo de George Clooney), un funcionario del Tesoro que, junto con su mujer (otra zorra estirada), son amigos de la pareja. Bueno, tal vez no (segunda crítica oculta: las apariencias sociales en las clases 'bien'). Ozzy y Katie no le caen bien a nadie. Bueno, Katie le cae más o menos a Harry. Más por el sexo y alejarse de su propia mujer que por otra cosa, la verdad. El caso es que Katie está pensando en pedir el divorcio y largarse con Harry, quien también quiere divorciarse de su mujer; pero antes quiere desplumar a su marido. Así que se mete en el ordenador de Ozzy y graba todo lo que encuentra en un CD-ROM... incluyendo las memorias que éste está ya redactando. Memorias que, por culpa de una serie de circunstancias, acaban perdiéndose en los vestuarios de un gimnasio.
Y aquí es donde aparecen dos personajes bastante importantes en la historia. Dos empleados del gimnasio: Chad (Brad Pitt), un soñador vigoréxico con bastante poco cerebro en el interior de su cabecita mechada, y Linda (Frances McDormand), una mujer de mediana edad frustrada porque no encuentra pareja, lo cual achaca a su cuerpo poco firme (el cual quiere someter a operaciones de cirugía plástica a cualquier precio), empiezan a investigar el material y deciden que se trata de secretos de Estado que probablemente su dueño querrá recuperar a cualquier coste. Así que, investigando un poco, consiguen dar con Ozzy Cox y deciden hacer un trato con él: el CD-ROM a cambio de, digamos, una pequeña recompensa de 50.000$ por las molestias. Por supuesto, lo primero que hace Ozzy al enterarse de que sus memorias andan por ahí es enfurecerse como una mala bestia. La trama se complica cuando Linda convence a Chad para seguir adelante con el chantaje, pues ve en él una oportunidad para costearse sus operaciones...
En el más puro estilo de las comedias de los Cohen, en esta historia se entremezclan los hilos argumentales, las relaciones entre personajes, e incluso los sucesos. Es, con todas las de la ley, una comedia de enredos con bastante más chicha que los simples enredos: las relaciones de pareja, la importancia del humor en una relación, la incapacidad de los servicios de inteligencia de atar cabos ante determinadas circunstancias, la vida social... Y tiene momentos memorables, la verdad, como por ejemplo [SPOILER: clic y arrastra con el ratón para leer el texto escrito en blanco] cuando Harry le muestra a Linda el sillón-masturbador que ha construido con sus propias manos, o las visitas de Chad y Linda a la embajada rusa, intentando venderles importantes secretos de Estado ante la hilaridad de los propios funcionarios rusos, que no saben si tomárselo como una broma o como una tomadura de pelo [FIN DEL SPOILER].
La verdad es que hacía mucho que no veía una comedia moderna con la que me reía tanto. Ya iba siendo hora...







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